miércoles, 25 de enero de 2012

Un ruido tapona mis oídos pero no me molesta, es más, me agrada me resulta cómodo es, quizás, el único modo de desconectar por un momento de la rutina que cada día ahoga más y más... Ese ruido, el ruido del agua notar como la temperatura va bajando y sentir tu cuerpo a distintas temperaturas, cabeza fría, pies calientes... es como si el agua fuese bajando escalones milímetro por milímetro, curva por curva.
Es curioso el sentimiento de libertad en un espacio tan reducido, pero sí, se siente, sabes que te gusta, que no saldrías porque sabes que allí fuera todo sigue igual, los días pasan y siempre es lo mismo la misma rutina, la misma gente, nada nuevo, demasiados recuerdos unos malos, otros buenos...
Demasiadas paredes que guardan demasiados secretos inconfesables, que guardan risas, llantos, penas de algún amor fallido, lástima de aquello que pudo ser y no fue, paredes que están escritas a veces con dos iniciales unidas por un corazón y una fecha, otras que simplemente guardan palabras que en algún momento tendrían algún significado para alguien o simplemente apuntadas debido a algún examen mal estudiado...
Tantos secretos que guardar, tantas miradas con sentimiento, tantas risas de felicidad, tantas palabras que al fin y al cabo no son más que eso, palabras que se las lleva el viento que si tienes buena memoria puedes recordar, si han hecho daño aunque no quieras siguen torturándote día tras día y si tienes mala memoria solo recordarás los buenos momentos, aquellos en los que la felicidad te inunda y todo lo malo por un momento ha desaparecido.
Es una experiencia parecida lo que pasa mientras tus oídos están taponados con el ruido del agua fluyendo, como fluye la vida...

Solo vienes y sólo te vas, los recuerdos se mantienen mientras estás vivo pero, ¿y después? ¿que hay después?
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